365 días soñando con este instante.
Un año entero de espera, de conversaciones que nunca terminan, de proyectos que nacen en cualquier rincón, de detalles que se cuidan como si fueran eternos… Y, sin embargo, todo sucede en un suspiro.
365 días imaginando mantos al viento, el sonido de las bandas rompiendo el silencio, el roce de las túnicas, el aroma de las flores… Debatiendo, sintiendo, viviendo incluso antes de que llegue. Y cuando por fin llega… se escapa entre los dedos.
Pasa sin avisar. Pasa deprisa. Demasiado deprisa.
Y entonces queda ese silencio extraño, esa mezcla de plenitud y nostalgia, esa sensación de haberlo vivido todo… y de que ha sido apenas un instante.
Qué rápido pasa lo que más se ama.
365 días esperando la semana más grande, más intensa, más nuestra. Y ahora, con el corazón aún redoblando al compás de estos días, solo nos queda mirar atrás y sonreír… mientras empezamos, casi sin darnos cuenta, a contar de nuevo.
Porque sí… ya queda un día menos.
365 días para que vuelva, majestuosa, eterna, inigualable.
365 días para que Hellín vuelva a latir como solo sabe hacerlo.
365 días para volver a sentir que todo cobra sentido.
¡GRACIAS HELLÍN!